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El concepto del efecto dinamo data de 1919, cuando Joseph Larmor [1]
lo panteó como una de tres soluciones propuestas al problema
del origen del campo magnético solar, y parece ser el origen
de todos los campos magnéticos en los cuerpos celestes.
En el caso de la Tierra, el campo magnético es mayoritariamente
dipolar con una intensidad de aproximadamente medio gauss.
La dinámica de ese dipolo es muy compleja, presentando
con una orientación que permanece durante millones de años,
pero que puede invertirse en un plazo de unos pocos miles de años.
Este plazo resulta insignificante si se tiene en cuenta los
tiempos de difusión o viscosos en el núcleo.
En cambio el sol presenta un ciclo muy regular
de once años, siendo su manifestación más evidente desde la tierra
la aparición de las manchas solares, que no son más que los lugares
donde los tubos de campo magnético salen del interior del sol.
Pero hay comportamientos más originales, como el de marte. No muestra
una magnetización más que en la corteza, y que demuestra que
marte tuvo un campo magnético solamente en el hemisferio sur
(superposición de componentes dipolar y cuadripolar).
Otros casos diferentes son los de Venus, que tiene un dipolo en su ecuador, y
Jupiter cuyo campo tiene un valor de unos 10 gauss.
Hoy en día se piensa que este efecto aparece en prácticamente todos
los cuerpos cósmicos que tengan un núcleo fluido y roten. Incluso la
galaxia tiene un campo del orden del microgauss.
La idea de base es que el fluido conductor, al moverse en un campo
magnético, puede por inducción generar corrientes que a su
vez potencien el campo magnético de partida.
El ejemplo más sencillo de este acoplamiento fué propuesto por Bullard en 1955
[2], usando un disco giratorio con una bobina alrededor de su eje
conectada al borde y al eje del disco.
Un punto importante que muestra esta dinamo de Bullard es que
para que funcione necesita la ruptura de la simetría de reflexión.
Hoy se sabe que existen teoremas anti-dinamo que informan de
las restricciones de simetría que deben tener los campos magnéticos
y de velocidades. En 1958, Rikitake [3] introdujo dos dinamos
de Bullard acopladas, cuyo comportamiento global emulaba la evolución
del campo magnético de la tierra, a saber, una orientación dipolar con
inversiones en períodos con variabilidad caótica.
La primera dinamo experimental de la que se tiene conocimiento
es la dinamo de Lowes y Wilkinson en 1963 [4], donde
dos cilindros de cobre con ejes perpendiculares, rotaban
en contacto eléctrico con un baño de mercurio.
Posteriormente, el laboratorio de Magnetohidrodinámica de Riga,
en la entonces Unión Soviética, comenzó en 1968 un proyecto
destinado a conseguir el primer experimento que mostrara el
efecto dinamo en un fluido conductor.
Desde principios de los años 90, coincidiendo con las primeras
simulaciones mostrando una posible inversión del campo magnético
terrestre [5], el problema de la dinamo fluida atrae la atención de
dos comunidades, aparte de la de los astrofísicos y geofísicos:
la física de plasmas y la física de procesos no
lineales.
Desde ese momento, se plantean experimentos con los que se busca
comprender el fenómeno en sí mismo, y no reproducir la situación del núcleo de
la tierra. Por eso se proponen diferentes configuraciones, que nada
tiene que ver con la simetría esférica del núcleo.
[1] J. Larmor, 'How could a rotating body such as the sun become a magnet?'
Rep. Brit Assoc Adv. Sci. (1919) p. 159
[2] E.C. Bullard, 'The stability of a homopolar dynamo,'
Proc. Camb. Phil. Soc. 51 (1955) p. 744.
[3] T. Rikitake, 'Oscillations of a system of discs dynamos,'
Proc. Camb. Phil. Soc. 54 (1958) p. 89.
[4] F.J. Lowes, I. Wilkinson, 'Geomagnetic dynamo: a laboratory model,'
Nature 198 (1968) p. 1158.
[5] G.A. Glatzmaier, P. Roberts, 'A three-dimensional self-consistent computer simulation
of a geomagnetic field reversal,'
Nature 377 (1995) p. 203.
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